Las FARC en el monte y la política, llegada la hora cero de la paz
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Las FARC en el monte y la política, llegada la hora cero de la paz

Es 23 de marzo: la fecha propuesta por el gobierno del presidente Juan Manuel Santos como límite de las negociaciones de paz para firmar un acuerdo en La Habana. Aunque no parece que vaya a ser este día la firma definitiva de la paz para Colombia, tampoco parece que el proceso sufra mayores consecuencias por esto.

Ya desde hace días se vislumbraba la posibilidad de que llegara el día y las marchas forzadas en la mesa de diálogo no fueran suficientes, por lo que ambas partes suavizaron su posición y, sorpresas más sorpresas menos, posiblemente se tomarán algún tiempo más.

¿Qué tanto falta? Los temas más espinosos y los detalles más radicales serían los que quedan por limar. Pero una cosa es lo que sucede en La Habana, y otra diferente para los que se quedan en la selva, o recién salen de ella. Entonces, ¿qué se sabe y qué se puede esperar de cada uno?

En Cuba, entrenando para ser políticos

El proceso de negociación en la isla no solamente ha tratado de conjurar medio siglo de conflicto armado en Colombia. También ha servido a la alta cúpula del secretariado de las FARC para ponerse al día con la política, cambiar su discurso beligerante y tratar de suavizar posiciones que anteriormente defendían con fusil en mano y mostrando los dientes en señal de desafío.

Pero más allá del discurso y la ideología, la revista Semana analiza cuan difícil resulta esto para la intención práctica que los guerrilleros tienen de llegar al poder, más que en el ejercicio de la política en sí. Por ello señala que tendrán al menos tres grandes obstáculos: la paradoja entre su voluntad política y la necesidad de someterse a la justicia en alguna medida, la pésima imagen para la opinión pública y el poco tiempo que tendrían para cambiarla, suponiendo que su intención sea participar de una vez en los comicios de 2018.

Los desmovilizados, sanando heridas que dejan enormes cicatrices

Un grupo que parece querer desentenderse de todo lo que tenga que ver con el tormento de la guerra es el de aquellos que ya han salido y están tratando de rehacer o encontrar un camino en su vida. La BBC habla de más de 29 mil desmovilizados que están actualmente siendo tratados en centros de paz como colofón a su reinserción en la sociedad y la vida civil.

La idea es que estos pasen por Hogares de Paz durante tres meses, para luego hacer parte del programa del programa de la Agencia Nacional para la Reintegración, según relata ese medio. Un ‘tratamiento’ que incluye manutención y todo un proceso en el que aprenden “los rudimentos de la vida civil”, así como una cierta inducción a las bases del diario vivir que tan normales resultan para cualquier ciudadano.

Esto además de instrucción básica en labores que les puedan servir para volver a ser autónomos y útiles a la sociedad. Un proceso que no acaba allí y que siempre va acompañado de soporte psicológico que les prepara para un país que muchas veces demuestra que no está preparado para ellos.

El monte, un mundo aparte

El último rasgo de la guerra se encuentra escondido como un templo perdido en medio de la jungla colombiana. Allí, donde solo ellos saben entrar y salir, queda una de las últimas tribus que otrora fueron sanguinarios frentes guerrilleros. Un reportaje del New York Times relata cómo la mayoría de los que allí permanecen son muy jóvenes e incluso quienes jamás han puesto un pie en ninguna ciudad de Colombia.

Ellos dicen haber formado allí una nueva familia. Algunos todavía piensan a los que dejaron fuera pero otros ni siquiera piensan en volver. Desarrollan actividades como los chicos que son, para luego tomar su rifle y seguir montando guardia.

Reciben pedagogía de los acuerdos de paz, pero muchos todavía no tienen claro si podrán seguir viviendo en sus campamentos sin armas y cómo podrán encontrar sustento sin la extorsión y el negocio de la coca. Se entrenan en el uso de Facebook y Twitter, que serán sus siguientes armas ideológicas. Los mayores saben que el modelo es decadente y ha colapsado. No queda sino unirse al sistema; “dejaremos las armas y seremos políticos”, cita el diario neoyorquino.

Ver también:

Colombia: Minors in paramilitary groups tops 9,000