Bandas criminales tienen su propia red de prostitución en plena selva colombiana
Share this on

Bandas criminales tienen su propia red de prostitución en plena selva colombiana

Mientras miles de mujeres buscan sobrevivir y salir de un conflicto de medio siglo en Colombia, la cultura perversa de lo fácil y lo malhabido ha llevado a muchas otras a pensar en vivir de ello.

Creen, de manera ingenua, inocente o completamente desinteresada, que no hacen mal pues no lastiman a nadie accediendo a sus más retorcidos deseos, y se acercan con codicia a los matones y criminales para servirles como prostitutas.

Así lo revela una gran cantidad de documentos y material recopilado por las autoridades colombianas en sus operaciones contra bandas criminales y narcotraficantes como el Clan Úsuga, o los Urabeños, de acuerdo con la revista Semana.

Los hallazgos muestran catálogos enteros de muchachas que se ofrecen a los jefes criminales como el buscado Darío Úsuga, alias ‘Otoniel’. En otros casos se encuentran evidencias fotográficas de la violación sistemática de niñas menores de edad en regiones como el Urabá, obligándolas a complacerlos y a dejarse fotografiar en posiciones sugerentes y poca ropa.

La revista detalla que incluso una de las proxenetas de la organización “le ofreció a Otoniel a su propia hermana de 11 de años de edad, a cambio de dos millones de pesos (casi $700)”. Esta es una faceta frecuentemente denunciada de la guerra en Colombia.

De acuerdo con datos de la ONU, en el marco del conflicto se habrían producido unos 11.000 casos de violencia sexual contra las mujeres, de acuerdo con Caracol Radio. “En 2014 el Instituto de Medicina Legal practicó más de 21.000 exámenes medico legales por presunto delito sexual, el 85 por ciento de esos casos fueron practicados en mujeres”, agrega.

Las ‘prepagos’

Las demás mujeres, de alrededor de 20 años de edad, son las llamadas ‘prepagos’; prostitutas las cuales reclutan en las principales ciudades del país y son llevadas a las guaridas de los patrones en medio de la jungla, incluso viajando en vuelos chárter contratados exclusivamente para esos grupos de hasta 20 mujeres.

Les pagan entre cuatro y seis millones de pesos (entre $1.300 y $2.000), pero si son del agrado de los criminales pueden hacer parte de su harén, ganando entre 20 y 30 millones (unos $6.700 y $10.000), indica Semana.

Ahora bien, no todas permanecen con ellos, sino que vuelven a sus ciudades de origen a disfrutar de su dinero sucio y los regalos que los criminales les hacen, pasando a hacer parte de la actividad delictiva de esas organizaciones.

“Es claro que la gran mayoría sabía perfectamente para dónde iba y con quién se iba a encontrar”

Lo cierto es que son conscientes de que se unen indirectamente a su causa, buscando lucrarse haciendo parte del bajo mundo y disfrutando de los millones y millones que los capos despilfarran en ellas por momentos de lujuria que llegan a convertirse en bacanales interminables de varios días.

A la mayoría pareciera no importarle.

Si bien hay algunas que lo hacen por ver en ello su única alternativa, después de haber sido abusadas y apartadas de sus familias o hasta ofrecidas por esas mismas, esto evidencia que para varias se ha convertido en su oportunidad de conseguir todo lo que han querido a costa de su cuerpo y su dignidad, ofreciéndose voluntariamente y buscando agradarles a los criminales para alcanzar el anhelado objetivo de ser parte de sus numerosos harenes de esclavas sexuales.

Ver más:

Guerrillas de las FARC y el ELN se habrían aliado para atacar a un grupo paramilitar