¿Estamos ad portas de una época de éxito europeo para las futbolistas latinoamericanas?
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¿Estamos ad portas de una época de éxito europeo para las futbolistas latinoamericanas?

A primera vista, parece que el fútbol femenino latinoamericano está enfrentando un camino elevado para establecerse en un mundo dominado  por su equivalente masculino.

Pero ya una nueva generación panamericana de futbolistas ambiciosas y energéticas tiene otra idea: quieren romper barreras y estereotipos para  aprovecharse de una escena futbolística femenina que es cada vez más profesional. Hay más profesionalismo en el deporte femenino europeo, sí; pero la igualdad total parece todavía muy lejana.

Existe una disparidad considerable entre la remuneración de mujeres y hombres. Por ejemplo, si la selección femenina alemana hubiera ganado el mundial de 2015, hubiera recibido un bono de €60.000 – apenas un cuarto del pozo en oferta para los hombres ganadores del 2014.

De hecho, solamente dos jugadoras latinoamericanas han participado en la liga británica, la remodelada ‘Women’s Super League’: la portera chilena Christiane Endler y la volante brasileña Ester. Sus estancias en Inglaterra fueron breves.

La liga sueca, la Damallsvenskan, cuenta con la superestrella brasileña Marta y – en dos estancias igualmente cortas  – Daniela, pero la lista de latinoamericanas en Europa no se extiende mucho más.

“Falta de recursos”

En la reducida lista de ‘privilegiadas’ que han podido acceder al mercado europeo, como las designa correctamente El País, entran la mexicana Kenti Robles, la guatemalteca Ana Lucía Martínez y la argentina Cecilia Ghigo que representan al Atlético de Madrid Féminas, al Rayo Vallecano y al Madrid Club de Fútbol Femenino en España respectivamente. También la colombiana Nicole Regnier actualmente juega en el Rayo Vallecano, tras un fugaz paso por el Atlético de Madrid.

Están a la vanguardia de lo que esperan será un influjo de jugadoras de América Latina hasta Europa.

Hasta ahora, por falta de recursos el juego europeo no ha sido accesible ni acogedor para mujeres latinoamericanas que desean alcanzar los niveles superiores del deporte. La mayoría va para los EEUU, hasta hace poco el centro neurálgico del fútbol femenino mundial.

Cuando comparamos las minúsculas cifras de latinoamericanas que desempañan  su labor por el continente europeo con los hombres que hacen lo mismo, se evidencia un absoluto contraste.

Según datos de Quartz.com, cifras del 2013 indicaron que en los primeros seis meses del mismo año los once mayores países exportadores de futbolistas de América Latina enviaron unos 5.000 jugadores masculinos al extranjero – con un valor de $1.1 mil millones. De esos, Brasil y Argentina fueron responsables de más de 3.000.

Obviamente hay otros factores una tener en cuenta antes de una comparación. El volumen regional de jugadoras es mucho menor que el de los hombres, por ejemplo, así como la gama de oportunidades.

¿Pero por qué no muchas mujeres hacen la transición al futbol europeo, como es el rito de paso para sus colegas en el deporte masculino?

“Progreso irrefutable”

En primer lugar, el fútbol norteamericano femenino equivale al europeo del masculino y representa el pináculo del juego. El dinero – en un deporte en el que ganarse la vida como jugadora no es garantizado – queda inevitablemente en Norteamérica.

Adicionalmente, junto a una falta de oportunidad histórica en Europa, las administraciones latinoamericanas no han apoyado a sus jugadoras a alcanzar lo máximo de sus habilidades evidentes.

La selección femenina brasileña llegó a pocos días del comienzo del mundial de 2011 en Alemania, casi sin tiempo adecuado para prepararse, pero aun así lograron llegar a cuartos de final. Sus compatriotas de 1999 entrenaban apenas una o dos veces a la semana.

Las barreras para las jugadoras femeninas del continente han sido políticas además de basadas en oportunidades. En su libro Globalization and Football, Richard Giulianotti y Roland Robertson anotan que el fútbol femenino era prohibido por ley en Brasil hasta el año 1979.

Pero el progreso es irrefutable. Puede ser que el futbol femenino latinoamericano ha llegado a una encrucijada. El nivel de profesionalismo en Europa es bastante alto para atraer a más jugadoras de América Latina – indubitablemente entre las más talentosas del mundo – en vez de enviarlas a los EEUU.

“El fútbol femenino es el presente y el futuro de este deporte. Es necesario que se invierta más,” dice Robles. Pero ella pertenece a un grupo amenazado. Es la espera que servirá como ejemplo para otros de su continente – y que no desvanecerán hasta agregar una nota en la pie de página de la historia del futbol femenino europeo.

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