Las enormes regalías fantasmas de cuales no se beneficia La Guajira, Colombia
Share this on

Las enormes regalías fantasmas de cuales no se beneficia La Guajira, Colombia

Un viaje corto en colectivo desde el pintoresco bulevar marítimo de Riohacha, sede administrativa del árido departamento norteño de La Guajira, lo trae a uno a Uribia – la capital del pueblo indígena Wayuu. El contraste entre los dos pueblos es evidente de inmediato.

De ahí, un par de horas en carro lleva al viajero al Cabo de la Vela. Una región de Colombia bastante bendita con hermosura y diversidad geológica; así como las condiciones ideales para practicar el deporte kitesurf. El cabo debería ser un centro turístico importante. Aunque sea bastante popular durante la temporada alta, no lo es aún.

Que los servicios básicos no lleguen al cabo no ayuda – ni la situación escalante en Venezuela que ha llevado al cierre de la frontera entre este país y Colombia entre tensiones diplomáticas.

Pobreza….

Pero una industria turística poco lucrativa es una preocupación insignificante cuando se da cuenta de que más de la mitad de la población guajira vive en pobreza.

Aunque cifras oficiales del Departamento Administrativo a Nacional de Estadística (DANE) muestran que la tasa de pobreza en La Guajira ha bajado desde un alarmante 69,9 por ciento en 2008; la ficha más reciente – de 2014 – pone la pobreza en el departamento en un 53 por ciento.

Para fijar el escenario, todavía 24,8 por ciento de guajiros vivían en pobreza extrema en 2014. El mismo año, el ingreso mensual per cápita promedio en el departamento de La Guajira fue de 302.779 pesos colombianos (alrededor de $100), casi la mitad de la cifra nacional de 578.422 pesos.

Entonces, si no hay agua corriente ni luz permanente en el cabo, que tiene alto potencial de turismo – ni en gran parte del departamento de La Guajira en el que la población se enfrenta una lucha diaria para acceder a los servicios más fundamentales: ¿porque no invierte el gobierno para mejorar la infraestructura?

La respuesta, en breve, es que sí invierte: mucho. Pero dónde acaba el dinero, nadie parece saberlo. Sus efectos, por lo menos, no son obvios.

Explotación y inversión

Por suerte, en Colombia existe el Sistema General de Regalías (SGR), una entidad diseñada específicamente para administrar la contraprestación económica que surge de la explotación de los recursos naturales no renovables – en La Guajira, el quinto más pobre del país, el carbón y gas – por parte de las empresas mineras entre los departamentos que más lo necesitan para su desarrollo territorial.

De hecho, entre 1980 y 2005, casí 2,4 billones de pesos fueron otorgados al departamento para proyectos varios. El SGR confirma que 1,9 billones de pesos han sido presupuestos para inversión en los 384 proyectos aprobados en La Guajira sólo desde 2012.

A pesar de inversión extensiva, el progreso en el desarrollo de La Guajira ha sido penosamente lento.

Toma por ejemplo el caso del agua potable. El Presidente de la República Juan Manuel Santos aclamó la inauguración de un proyecto de acueducto en febrero de 2015 para Riohacha, la capital y centro económico del departamento.

En febrero de este mismo año – después de 470 años sin este servicio básico – la ciudad apenas recibe cobertura de agua corriente y potable en un 90 por ciento.

Entretanto, 86 pozos de agua han estado excavados y hay 118 otros en construcción. Según Dinero en febrero de este año, “se han repartido más de 385 millones de litros de agua potable en 15 municipios, 300 tanques instalados y la intervención en 222 puntos para beneficiar a 33.000 personas”.

El servicio de agua potable – por lo menos en Riohacha – ha crecido. Pero este mejoramiento no tiene en cuenta una gran proporción del dinero supuestamente dado al departamento.

¿Entonces dónde está?

Durante el viaje descrito a comienzos de este artículo, evidencia de proyectos aprovechando las regalías es difícil encontrar. Unas estructuras desconectadas – supuestamente bases para soportar otro acueducto – marcan el camino (que queda sin asfaltar) tras el desierto hasta el Cabo de la Vela: abandonadas y decrépitas.

Según informaciones de El Tiempo publicadas en 2005, el ex gobernador Luis González Crespo, sostuvo que “todavía los proyectos no se ven, porque ‘están enterrados’”, en referencia a las tuberías del acueducto. En 2012, él fue condenado a 10 años por irregularidades en la firma de contratos.

Desde el 2005 y la investigación de El Tiempo, no mucho ha cambiado. A dónde va la mayoría del dinero regalado – que puede verdaderamente cambiar el futuro de la región – todavía nadie sabe.

La vida es dura para la mayoría de guajiros, y no se sirven de servicios básicos a los que tienen derecho en un país como Colombia que está en rápido desarrollo.

¿Y qué depara el futuro?

Entretanto, el gobierno seguirá inyectando dinero en La Guajira. Se sospecha que la corrupción juega su parte – una tendencia triste que plaga Colombia.

Está difícil demostrar pruebas de corrupción, pero una cosa cierta es que con la inversión dada, La Guajira también debería ser capaz de juntar al resto de Colombia en el camino de recuperar su imagen y desarrollarse profundamente.

Ver también:

Flamingos fly the nest in Colombia’s Guajira