Ciudad perdida en Venezuela sale al aire después de 30 años
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Ciudad perdida en Venezuela sale al aire después de 30 años

En un lago del sudoeste de Venezuela en la provincia de Táchira, durante 30 años la única evidencia existente de una civilización anterior era un campanario solitario que se proyectó orgullosamente sobre la superficie serena.

Al transcurrir el tiempo, la torre de la iglesia San Isidro Labrador del pueblito de Potosí, se convirtió en un símbolo poderoso para el pueblo, por su cruz espeluznante en plena agua.

Pero por supuesto, la torre fue la punta de un ‘iceberg’ proverbial – y una historia sorprendente – la razón de por qué una ciudad entera llegó a yacer debajo de un lago es algo sencillo: la necesidad de encontrar soluciones energéticas en un país que se enfrenta con una lucha constante para proveer a su población.

El pueblo de unas 1.200 personas, que quedaba en las montañas a más de 1.000 metros sobre el nivel del mar, fue abandonado por sus habitantes en el año 1984 cuando el valle fue inundado para construir una represa hidroeléctrica, llamada Uribante Caparo.

Poco a poco, y de mala gana, los residentes dejaron sus hogares atrás mientras el valle se llenó durante un año y medio, ahogando a su ciudad.

Con lágrimas en los ojos, Mireya Pérez recuerda que “fuimos la última familia desalojada. Con nuestras pertenencias y animalitos, ya teníamos el agua a tres metros. Nos sacaron en helicóptero y chalana. Al otro día, ya el agua había tapado el piso de la casa”.

Ahora, por causa de una preocupante sequia manifiesta por el fenómeno climático El Niño, reapareció Potosí – y su iglesia bien preservada.

En el año 2003, por otra sequia durante una época Niño particularmente feroz, se mostró casi toda la iglesia y en 2010 la sequía permitió ver parte de la torre. Hoy el campanario está a plena vista de todos.

El hijo de Máximo Sánchez, un ex residente de Potosí y el último prior de San Isidro Labrador, subraya la importancia de la iglesia parcialmente sumergida, diciendo que “lo único de lo que sí puedo dar fe, es que la punta de la cruz fue extendida para que sobresaliera del agua”.

Ahora el valle – y el pueblo redescubierto – se está llenando de nuevo; pero esta vez con turistas y locales curiosos que quieren conocer esta rara historia, en lugar de agua.

Poco queda de Potosí, pero su iglesia todavía sobresale, ofreciendo una posible esperanza de que la fortuna de Venezuela está a punto de mejorar después de superar su crisis actual.