Paramilitares prostituyeron un colegio en Colombia, y la rectora era la proxeneta
Share this on

Paramilitares prostituyeron un colegio en Colombia, y la rectora era la proxeneta

La existencia de una compleja red de prostitución de bandas criminales en plena selva colombiana parecía ser el tope histórico en cuanto a la violencia sexual vivida en Colombia durante medio siglo de conflicto armado interno.

Sin embargo, lejos de serlo, el caso recién esclarecido por la Fiscalía General de ese país deja por el suelo ese tema con uno de los episodios más grotescos que ha dejado la guerra colombiana: se trata del sometimiendo de las alumnas de un colegio entero como esclavas sexuales de grupos paramilitares en la región de los santanderes, hacia el nororiente del país.

Todo sucedió hacia 2002, cuando se dio el empalme de gobiernos entre los presidentes Andrés Pastrana y Álvaro Uribe Vélez. En el municipio de Charalá, los paramilitares impusieron su ley por encima de todo el mundo, con la ayuda del entonces concejal Luis María Moreno y la rectora del colegio Nuestra Señora del Rosario del corregimiento de Riachuelo, Lucila Gutiérrez, cuenta el diario El Espectador.

Amenazas de muerte…

Las actividades en el lugar incluían una suerte de limpieza social que ridiculizaba a aquellos que, a juicio de los violentos, infringían sus leyes.

Las víctimas de estas y todos los demás abusos callaban ante las amenazas de muerte que se cernían sobre ellos si osaban cuestionar a los bandidos. El texto asegura que incluso hubo alguna que otra ejecución en medio de la autoritaria toma paramilitar. El alcalde fue intimidado de la misma forma cuando trataba de manifestarse.

Los jefes no solo imponían su ley, sino que forzaban a cualquier cantidad de mujeres a complacer sus deseos sexuales a discreción, engañadas y al final obligadas, o simplemente amenazadas.

Uno de los lugares donde esto sucedía más frecuentemente, de acuerdo con los testimonios de exparamilitares con los que se reconstruyó la grotesca historia, era el colegio. Allí, para comenzar, inventaron un reinado infantil que usaban como pretexto para cebar sus aberrantes impulsos, además de ser una especie de vitrina para escoger sus víctimas. Estas eran facilitadas por el colegio mismo, de acuerdo con ese diario:

“La rectora Lucila Gutiérrez no tuvo empacho para sacarlas de clase, de matemáticas o sociales, qué importa, llevarlas a su oficina, dejarlas con ellos, permitir que se las llevaran y, a las más esquivas, tratar de convencerlas”

Violaciones sistemáticas…

Allí, alias ‘Víctor’ impuso su ley y abusó de decenas de alumnas, sosteniendo encuentros también con profesoras y la misma rectora, según El Espectador.

Las violaciones eran sistemáticas, así como las amenazas a las víctimas de matarlas a ellas y a sus familias en caso de revelar lo que sucedía. Gutiérrez también habría intentado convencer a las alumnas de que “se dejaran” y que “lo disfrutaran”. Se conocen además casos de jovenes reclutados de ese plantel para los grupos de autodefensas.

Los detalles de la investigación, los relatos de las víctimas y los socios de los victimarios terminan por pintar uno de los escenarios más escabrosos de la guerra en Colombia.

La rectora fue capturada en abril pasado y permanece tras las rejas junto con su esposo, señalado de formar parte activa del bloque paramilitar que cometió los vejámenes.

No aceptó los cargos por “desplazamiento forzado, esclavitud sexual, concierto para delinquir, secuestro agravado, acceso canal violento en persona protegida y reclutamiento de menores”, pero permanece en la cárcel pues la justicia cuenta con suficientes testimonios en su contra como para que pague por ellos, añade Caracol Radio.