La muerte de un gorila se convierte en todo un caso de criminalística en México
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La muerte de un gorila se convierte en todo un caso de criminalística en México

La muerte de un gorila tiene conmocionados a propios y extraños en México: se trata de Bantú, que vivía en el zoológico de Chapultepec y murió el 6 de julio mientras era trasladado al zoológico de Guadalajara, lugar en el que estaría un año con fines reproductivos, pues se trataba de una especie en peligro de extinción y era el único gorila macho de tierras bajas occidentales que existía en ese país.

El pasado 7 de julio, la Secretaría de Medio Ambiente de México (SEDEMA) a través de un comunicado en su página web lamentó el fallecimiento del animal y explicó que Bantú “sufrió un paro cardiorrespiratorio, lo cual fue confirmado de manera preliminar por la necropsia”, y que falleció pese a que “los especialistas trataron de reanimarlo por más de treinta minutos”.

En su momento, Juan Arturo Rivera Rebolledo, director general de Zoológicos y Vida Silvestre de Ciudad de México, descartó en entrevista para El Universal que la muerte del gorila hubiera sido causada por exceso de anestesia. “Bantú reportó un peso de 224 kilos y nosotros consideramos una dosis de anestesia para 200 kilos; la dosis fue mucho menor de lo que debiera de ser”, afirmó.

Sin embargo, el pasado 8 de julio la SEDEMA decidió suspender temporalmente de su cargo a Rivera, “hasta que sean entregados los hallazgos de la necropsia y quede demostrado que no hubo mal manejo de los protocolos establecidos para el traslado del animal”, análisis que “serán realizados por laboratorios y especialistas médicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y en un mes aproximadamente se tendrá respuesta”, informó la entidad mediante otro comunicado.

No obstante, la muerte de Bantú desató aún más la polémica tras conocerse las fotos de la necropsia que le hicieron al animal y que fueron publicadas por El Universal. En su portal este medio de comunicación informó que “el animal fue degollado, pues la cabeza está totalmente separada del cuerpo”. Y que “al gorila le quitaron el labio inferior y le desprendieron parte de piel de la cara”.

Ante estos hechos, partidos políticos ambientalistas pidieron que Tanya Müller, secretaria de medio ambiente de la Ciudad de México, responda por lo sucedido y sea retirada de su cargo; voceros de la ONG Proyecto Gran Simio también se unieron a esta petición e incluso solicitaron el cierre del zoológico de Chapultepec.

En entrevista para Forbes México, Pedro Pozas Terrados, director ejecutivo de esta organización en España, aprovechó para manifestar que “a nivel mundial, los zoológicos deben reconvertirse, deben dejar de existir, ya que hay numerosos errores y los animales están en muy malas condiciones. Nosotros les llamamos los Guantánamo de los seres vivos (…) Lo importante para este negocio es que la gente no vaya”.

A través de su página Web, esta organización también denunció “la forma en que se ha llevado a cabo la investigación para esclarecer la muerte de Bantú, en la que se ha realizado una auténtica carnicería con su cuerpo sabiendo que la muerte se produjo por paro cardiaco al introducirlo un exceso de anestesia, ya que anteriormente al día del traslado Bantú se encontraba en perfectas condiciones de salud”.

Pero por otro lado, para algunos investigadores y expertos en el tema, la manera como se realizó la necropsia no fue atípica. Heather Simmons, veterinaria en el área de patología del Centro Nacional de Investigación de Primates de la universidad de Wisconsin en Estados Unidos, comentó en entrevista para el diario Excélsior que “a veces es necesario desmembrar y quitar la piel al animal para acceder a todos esos órganos, (…) incluidos cerebro, médula espinal, pecho, abdomen e incluso las articulaciones y los ojos”.

Por ahora la investigación que realizan los entes competentes está en curso y será determinante para saber si hubo o no negligencia en la muerte de Bantú, y si fue adecuado el tratamiento que recibió posterior a su muerte. En la indagación de estos hechos también participa la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) que busca “determinar si el personal que llevó a cabo el manejo del gorila, realizó actos no apropiados o no se tuvo la diligencia requerida para efectuarlo bajo condiciones que evitaran o disminuyeran la tensión, sufrimiento, traumatismo y dolor del ejemplar”, concluyó.