Descubren en Honduras un síndrome genético único en el mundo
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Descubren en Honduras un síndrome genético único en el mundo

El médico Héctor Ramos Zaldívar halló que la serie de males que aquejaban a Daniel Gerardo Martínez Irías respondían a una condición genética única en el mundo, determinada por una serie de genes ausentes en el cromosoma 7 de su mapa genético, lo cual le generó diversas consecuencias físicas no del todo extrañas, pero sí únicas en su conjunto en un solo individuo, tal como lo describe el diario La Prensa de Honduras.

La nueva condición adoptó el nombre de su descubridor y del paciente que la padece: Ramos-Martínez. Pero esto no sucedió sino hasta después de una investigación de unos dos años que comenzó cuando el hombre buscó al joven médico y científico, sabiendo que dirigía un grupo de investigadores, para que lo ayudara. “Me dijo que había visitado especialistas y no le habían diagnosticado y quería saber cuál era su identidad biológica”, dijo Ramos Zaldívar a La Prensa.

El especialista en neuroanatomía trabajó junto con un grupo de 18 investigadores, estudiantes y profesionales de la Universidad Católica de Honduras, indica el informativo Proceso.

Entre varios otros ‘síntomas’, el resultado, que fue publicado en la revista científica BioMed Central, detalla que “los hallazgos clínicos incluyen la calvicie de patrón masculino y el pelo negro con varios mechones de cabello gris, estenosis de la porción cartilaginosa de su canal auditivo externo y las orejas de implantación baja, úvula larga, agrandamiento de la tiroides glándula, soplo mitral, cifoscoliosis, hernias inguinales bilaterales, lesiones eritematosas y escamosas de los pies en consonancia con la tiña del pie, así como las uñas de color amarillo-verde descoloridos consistentes con onicomicosis”, cita Proceso.

Martínez, que se desempeña como maestro de música y tiene un desarrollo cognitivo normal, también habló con ese medio sobre sus dolencias, pero lo más destacado es que después de enumerarlas, subraya que “éstas son cosas pequeñas en comparación con la mejora que he sentido de conocer el resultado de mi estudio genético”.

“Ahora veo un poco más clara y me conozco mucho mejor”, concluye.

“En mis 44 años de edad todavía me siento como un adolescente y quiero experimentar la vida al máximo. Trato de disfrutar de todo lo que me pasa”