Lecciones de Venezuela para Colombia
Share this on

Lecciones de Venezuela para Colombia

En Colombia se ha puesto de moda el hablar de ‘Castrochavismo’, de la ‘amenaza comunista’, del ‘socialismo del siglo XXI’ entre la oposición al gobierno de Juan Manuel Santos. Este y otros fantasmas les han servido para captar público y hacerse notar. Sin embargo, ¿es verdad que Colombia será como Venezuela si se refrenda el acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC votando Sí al plebiscito del 2 de octubre?

Estoy seguro de que no será así, empezando porque el solo invento del ‘Castrochavismo’ no pasa de ser un exitoso bulo creado por la corriente política del expresidente Álvaro Uribe que lo usa a la medida de sus fines políticos como representación fantasmagórica del Comunismo con el que aterran a sus votantes.

Y es que si algo ha quedado claro en Colombia desde que se ve cerca el fin del conflicto con una guerrilla considerada marxista, es que el país ha creado una notable aversión a los movimientos de izquierda. El mismo actualmente senador Uribe propuso y aplicó concesiones muy parecidas a los grupos paramilitares de extrema derecha que desmovilizó, pero hoy día todas le parecen excesivas cuando se le aplican a las FARC.

Resulta curioso cuán opuesta pero similar resulta Colombia a países que han sufrido de dictaduras militares en el cono sur. Argentina, por poner un ejemplo, tiende a reprochar socialmente a los gobiernos considerados ‘de derecha’, asociando cada medida polémica con prácticas de los tiranos. En Colombia, cada esporádico gobernante de izquierda es machacado sin clemencia por ‘guerrillero’ y ‘comunista’ ante cualquier desliz. Condenado socialmente con todo el peso de la ley, la misma que no reciben los políticos tradicionales de otras corrientes, ante cualquier irregularidad.

Ambos países parecen haber creado una aversión a aquello que históricamente los marcó: las dictaduras y las guerrillas, respectivamente. De ahí que una de las principales armas contra el plebiscito que busca refrendar lo acordado en La Habana por el gobierno de Juan Manuel Santos y el grupo insurgente, sea apelar al espectro del comunismo y ‘advertir’ que Colombia va camino a repetir lo que hoy vive Venezuela en términos sociales y económicos.

¡Pero alto! Aunque lejos está la propia sociedad colombiana de elegir democráticamente a un presidente de corte de izquierda, siendo el difunto Carlos Gaviria el que más cerca ha estado de lograrlo con más de 2 millones y medio de votos contra Uribe en 2006, en el país se cocina una grave crisis social que viene mostrando señales de alerta con los paros agrarios de los últimos años y la hambruna que azota al departamento de la Guajira, la crisis energética en el Caribe y el olvido de las regiones más apartadas del territorio, por mencionar solo algunos temas.

Si observamos el coeficiente de Gini a nivel sudamericano, se trata del país con mayor índice de desigualdad, la cual incluso alcanzó el nivel más crítico de la escala hace una década y que no ha bajado de los 50 puntos desde que se tienen datos, hace unos 30 años.

Esa crisis social ha tenido en el conflicto armado una excusa y un agravante para su empeoramiento. Incluso en los acuerdos ya divulgados hay un aparte que demuestra que una de las preocupaciones en la negociación fue la de hacer algo por el campo, por lo que resulta improbable que si Colombia llega alguna vez a vivir algo parecido a lo de pasa en Venezuela sea por el acuerdo de paz al que se llegue.

No: resulta que la razón de que eso pudiera llegar a pasar está en esos personajes cuyas dinastías han gobernado por décadas a Colombia, y que hoy asustan a todo el país con tal escenario. Si eso llega a suceder será porque esos mismos que hoy critican con medias verdades y tergiversaciones (y otros que están a favor del acuerdo pero simplemente están con el mejor postor como camaleones que son), han venido abonando el camino para ello.

¿Qué han sembrado? Desigualdad, olvido y desprecio hacia los marginados, desconfianza hacia todos los políticos (“todos los políticos son iguales”). El todo vale y el descrédito a las instituciones; sobre todo a la justicia, como sucede con una tanda de exministros, exfuncionarios y hasta un exmagistrado que se dicen inocentes y se declaran perseguidos contra todo un juicioso proceso que los condenó, sin importarles lo más mínimo sacrificar y mancillar la credibilidad del aparato judicial con tal de salir impunes.

Finalmente la ignorancia, cuya última manifestación fue salir a marchar en contra de los derechos de otras personas. Todo esto es lo que ha servido a los grupos ilegales como excusa para existir, aunque sus formas de lucha nada hayan aportado para bien. Es un caldo de cultivo para los clientelistas de siempre, pero también para un loco, un dictador; recordando aquella frase que dice que ‘la ignorancia del pueblo es el trono del tirano’.

“Timochenko presidente”, ha sido una de las últimas maniobras de espanto. La sola imagen es escalofriante, pero no porque ahora se haga la paz con él, ni porque lo vayan a indultar o a dar una curul. Es porque los mismos que le temen le han abonado el camino a su discurso. Ellos le han dado la razón cuando los critica, por más terrorista y asesino que sea. La clase política prefiere mentirse, haciéndose la de la vista gorda para seguir atornillada al poder, como ha sucedido durante siglos.

Llegará el día en que vean amenazado ese statu quo, ojalá por un visionario como el que ya lo intentó en 2010 y perdió con las artimañas tradicionales, pero que por ahora está en el ocaso y todavía no ha dejado un heredero claro de su brillantez. Ojalá no sea por un loco que convenza al pueblo con patrañas, apelando al miedo, el odio y el resentimiento que han venido sembrando los políticos tradicionales; uno que reniegue de todo lo que la clase política actual ha cultivado con su indiferencia.

Solo en ese caso, los verdugos del pueblo comenzarán a hacerse pasar por víctimas, a salir a vociferar a la comunidad internacional sobre los valores, la libertad, la justicia y todo eso que pisotean hoy y que entonces dirán haber estado siempre dispuestos a defender. Justo como en Venezuela.

Este es un artículo de opinión y no compromete ni refleja la posición del Latin Correspondent como medio de comunicación.