Más marchas y menos flores en el Día Internacional de la Mujer
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Más marchas y menos flores en el Día Internacional de la Mujer

La mujer en los tiempos que corren ya no se queda encerrada en su casa a la espera de recibir una flor o un chocolate que le recuerde que hoy se conmemora su día a nivel internacional. Sabe que cualquiera de los 365 días del año le pertenecen por el solo hecho de ser cuna de vida, pero cada 8 de marzo decide armarse de valor, salir a la calle y bajo una sola voz exigir el respeto de sus derechos.

Aunque la mujer del continente americano se destaca por ser guerrera, también se caracteriza por ser la más ultrajada. En naciones como El Salvador la mujer ni siquiera es dueña de su propio cuerpo y es penada ante el mínimo intento de decidir sobre el mismo.

“La mujer actual decide con más frecuencia no ser sumisa, sino libre”

Esa libertad la ha puesto en el centro de críticas de parte de una sociedad machista a la que tanto le cuesta que la mujer haya decidido salir de esa zona en la que se encontraba recluida. Porque a veces es mejor una mujer callada y “obediente” que una dispuesta a callar a los demás con argumentos.

Esa libertad algunas veces le da alas para pintar de colores el mundo y a veces se las quita. Esa libertad la ha hecho acreedora de diferentes estigmas como sinvergüenza, vagabunda, provocadora, desubicada. Motivos que impulsan a la mujer contemporánea a realizar paros para exigir políticas estatales que hagan frente a la trata de blancas, el maltrato físico, psicológico y el acoso al que está expuesta a diario. Medidas que promuevan la igualdad salarial y la libre elección.

En países como Argentina se estima que cada 37 horas una mujer es asesinada. La mayoría de los casos tienen como victimarias a sus propias parejas. La falta de una atención inmediata, el precario acompañamiento del Estado y la escasez de garantías judiciales que amparen los derechos de la mujer, se convierten en obstáculos que acrecientan su temor a denunciar. Hay que nombrar que en lo que va corrido del año ya se presentaron 60 muertes en esa nación.

De igual manera, la educación impartida por la sociedad desde hace cientos de años tampoco permite que algunas mujeres tomen conciencia de que en realidad están siendo víctimas. Aún hoy en día, muchas de ellas son obligadas a tener relaciones sexuales sin su consentimiento creen que por tratarse de sus parejas no es un delito.

Es así que la ausencia por parte del Estado y la falta de educación se convierten en un cóctel explosivo que en lugar de rescatar a la mujer, la terminan sepultando bajo tierra. Para las autoridades es más fácil preguntarse si antes de su muerte la víctima había denunciado que actuar con prontitud ante el pedido de ayuda. Porque en definitiva más que una denuncia se convierte en una súplica, en un llamado desesperado.

En las últimas cuatro décadas solamente diez mujeres han ostentado el cargo máximo en la conducción de un país. Lento pero de manera constante el liderazgo femenino ha llegado hasta el directorio de grandes empresas multinacionales, compañías aéreas y emprendimientos tecnológicos. Otras mujeres que han sido grandes inventoras, defensoras y promotoras del bienestar del prójimo aún cuando se encuentran bajo la sombra continúan trabajando por conquistar nuevos rumbos.

Para lograr una igualdad es importante reconocer que el genero masculino dista de ser el único culpable. Además de la responsabilidad del Estado y  el modo de pensar de la sociedad en conjunto, vale aclarar que el cambio también debe partir de la propia mujer y la manera en la que esta se relaciona con sus pares.