Temer comió carne con diplomáticos para despejar dudas sobre su salubridad
Share this on

Temer comió carne con diplomáticos para despejar dudas sobre su salubridad

El presidente Michel Temer, enfrentado a un escándalo de corrupción que empañó la lucrativa industria de la carne en Brasil, se reunió el domingo con ejecutivos y diplomáticos extranjeros para calmar las preocupaciones sanitarias que empañan a un sector responsable de exportaciones anuales de 12.000 millones de dólares.

Las reuniones, apresuradamente convocadas luego de las redadas de la policía investigando si las empresas pagaban sobornos para ocultar las condiciones insalubres en las envasadoras, llegan cuando Temer trabaja para proteger uno de los pocos sectores prolíferos de la economía más grande de América Latina.

El escándalo de la inspección impactó los precios de las acciones de JBS SA, el mayor productor de carne del mundo, y al exportador de aves de corral BRF SA, luego de que ambos fueran implicados en la “Operación Carne Débil”, junto con decenas de rivales más pequeños.

Dirigiéndose a diplomáticos de Europa, Estados Unidos y China, entre otros, Temer dijo que el gobierno de Brasil “reitera su confianza en la calidad de un producto nacional que se ha ganado a los consumidores y ha obtenido la aprobación de los mercados más rigurosos”.

Temer, que llevó a algunos de los diplomáticos a un restaurante-parrilla después de la reunión, calificó los casos como aislados. Trató de disipar los temores de defectos sistemáticos en el mayor exportador mundial de carne vacuna.

El mandatario aseguró que los investigadores acelerarían la investigación, mientras subrayaba que las pesquisas del viernes solo afectaron a 21 de las más de 4.800 empacadoras de carne en operación e involucraron a solo 33 de los más de 11.000 inspectores.

A pesar de que la policía sostuvo que algunos productores habían vendido productos cárnicos podridos y adulterados, Luis Eduardo Rangel, alto funcionario del ministerio de Agricultura, dijo que “no hay riesgo sanitario”.

Las acusaciones, agregó, son “preocupantes desde el punto de vista de la corrupción y del crimen”, pero “desde el punto de vista de la salud, confiamos en que las cuestiones sanitarias no representan un riesgo para los consumidores ni para las exportaciones”.

Después de la reunión, funcionarios gubernamentales se apresuraron a señalar que el éxito de Brasil como productor de carne en parte proviene de lo que ha sido un sistema eficiente y altamente respetado de controles sanitarios. Además señalaron que ninguno de los más de 150 países que ya compran carne brasileña ha suspendido las importaciones.

Sin embargo, algunos clientes son cautelosos. “No se puede jugar con la comida”, dijo André Regli, embajador de Suiza en Brasil, agregando que los problemas eran “preocupantes”.

El sábado, funcionarios de la Unión Europea dijeron que enviaron dos cartas al gobierno brasileño pidiendo detalles sobre cualquier riesgo en las importaciones. El gobierno de China pidió información similar.

El viernes, reguladores de Estados Unidos que recientemente comenzaron a importar carne fresca de Brasil dijeron que estaban monitoreando el tema, pero que las inspecciones en las terminales de importación deberían prevenir cualquier riesgo para la salud.

Después de la reunión del domingo, el jefe de la asociación brasileña de granjeros dijo que esperaba un castigo rápido y severo para aquellos que fueran capturados violando las leyes. “Nosotros los productores somos víctimas de esto”, dijo João Martins, presidente de la Confederación Nacional de Agricultura, especulando que el precio de la carne brasileña podría caer en los próximos días.

Las dos mayores compañías brasileñas de carne lanzaron una campaña durante el fin de semana para dejar claro que no vendían carne podrida. JBS y su rival BRF sacaron anuncios de página completa en periódicos y revistas brasileñas defendiendo sus prácticas comerciales y controles internos, condenando cualquier irregularidad hallada por las autoridades.

Con información de REUTERS.