Oposición venezolana se juega sus últimas cartas en un segundo paro nacional
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Oposición venezolana se juega sus últimas cartas en un segundo paro nacional

En un último intento para evitar la elección de los miembros de la Asamblea Constituyente que reescribiría la Constitución de Venezuela y reemplazaría a la legislatura actual controlada por la oposición, en un movimiento visto como el paso definitivo a la dictadura, la oposición convocó a un segundo paro nacional a partir de las 6 de la madrugada de este miércoles.

Millones de personas participaron en el primer cierre de 24 horas la semana pasada: negocios cerrados, familias encerradas en sus casas y calles bloqueadas o vacías fueron la constante.

“A partir de las 6 de la mañana vamos a paralizar este país”, dijo el legislador de oposición y activista callejero Juan Requesens. “Hemos demostrado a Nicolás Maduro y su grupo que no hay amor para ellos en ninguna parte de Venezuela o del mundo”.

El presidente de 54 años, que se autodenomina “hijo de Chávez” y porta bandera de su proyecto del “socialismo del siglo XXI”, insiste en que la votación del domingo continuará a pesar de la intensa presión en el país y el extranjero, incluida una amenaza de sanciones económicas estadounidenses.

Maduro dice que la elección para la asamblea de 545 asientos está diseñada para poner el poder entre las manos o la gente común. “Vamos a decidir entre la guerra y la paz, el futuro o el pasado, el poder soberano del pueblo o el golpe imperialista y oligárquico”, dijo ante sus partidarios el martes.

MUERTES

Las empresas estatales, incluida la petrolera PDVSA, que representa el 95 por ciento de los ingresos de exportación de Venezuela, permanecerán abiertas el miércoles. Algunos empleados públicos —que se suman en unos 2,8 millones– dijeron que tenían órdenes estrictas de no faltar al trabajo.

Cinco personas murieron durante la huelga de la semana pasada, mientras las tropas de la Guardia Nacional trataban de desmantelar los bloqueos lanzando gases lacrimógenos y balas de goma a los jóvenes enmascarados que respondían con piedras y cócteles Molotov.

Ese enfrentamiento llevó a más de 100 el número de muertos desde que comenzaron las protestas contra Maduro, a principios de abril.

Pero en algunas áreas, como las zonas rurales y los barrios obreros de Caracas, donde el movimiento chavista tiene su base de poder, la vida continuó con relativa normalidad.

Muchos venezolanos, sin importar su opinión política, estaban preocupados por el impacto del paro en sus billeteras y estómagos: “Estoy fuera todo el día todos los días tratando de encontrar trabajo o esperando en fila por comida”, dijo el constructor casual Juan Manuel Fernández, de 58 años, que vive en un barranco de Caracas y su sustento se basa en productos escasos y subsidiados por el Estado.

“Para mí y mi familia, una huelga significa tener hambre, así que ¿cómo puedo ser feliz con eso?”, agregó, diciendo que Maduro debería abandonar su “loca” Asamblea Constituyente, pero la oposición debería evitar causar dificultades adicionales a los pobres.

Con información de REUTERS