Frida y Monchito: los símbolos de un país que no se rinde ante la tragedia
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Frida y Monchito: los símbolos de un país que no se rinde ante la tragedia

México se sigue moviendo sin descanso. Sin embargo, esta vez no es la tierra bajo sus pies, sino su gente la que lo lleva más allá de sus límites en busca de la esperanza. Todos buscan hacer menos grande el número de las ya 286 víctimas que dejó el terremoto de 7,1 grados del martes pasado. En ese afán por escarbar los escombros de medio centenar de edificios que colapsaron en la Ciudad de México surgió la historia de Frida Sofía.

La pequeña era supuestamente una de las alumnas de la escuela Enrique Rébsamen que se volvió famosa en todo el mundo por simbolizar el esfuerzo de rescate de las cientas de almas que se han congregado para ayudar en lo que sea necesario.

Se decía que tenía 12 años, que había asomado una mano cuando escuchó el llamado de los rescatistas e incluso que había hablado y recibido agua por medio de una manguera. Sin embargo, no se divulgó su apellido “por seguridad”, y sus padres no querían aparecer en público.

Este jueves, después de horas continuas de tensión e incertidumbre en las que se aguardaba por la extracción de la niña aún con vida, rogando porque no fueran solo sus restos, Angel Enrique Sarmiento, subsecretario de Marina, dijo que un total de 19 niños y 6 adultos habían muerto en el colapso de la escuela, mientras que otros 11 niños habían sido rescatados del edificio y solo quedaba una mujer adulta por encontrar.

Y entonces, ¿qué pasó con Frida? Lamentablemente —para algunos– su historia terminó siendo un bulo; una ficción más de las que surgen en medio de las tragedias para intentar buscar explicación o desfogo ante la desesperación. Ya resultaba extraño que no figuraran por ninguna parte sus familiares, ni se dieran a conocer detalles, pese a que los de tantos otros chicos sí se habían divulgado.

Para muchos se trató de un golpe al esfuerzo y la fe puestas en su rescate, pero quizá su historia pueda ir más allá de eso.

Frida y Monchito

Hace 32 años, cuando el violento terremoto de 8,1 grados devastó la capital mexicana y mató a miles de personas también un 19 de septiembre, surgió la figura de Luis Ramón Navarrete: un niño de 9 años que pasaba por la misma situación que Frida.

Alrededor del pequeño se tejió una historia de lo más compleja. Univisión relata que incluso su supuesto padre hablaba con medios españoles sobre él, con un sentimiento de angustia tan verosímil que todo el país lo creyó, y se movilizaron todo tipo de recursos para intentar rescatarlo. Con el tiempo, la esperanza por su rescate se desvaneció, hasta que 22 días más tarde, se dio por terminada su búsqueda sin ningún resultado ni rastro.

Aunque el tema quedó irresoluto, y por ende surgieron múltiples historias y teorías a su alrededor, la conclusión fue que ‘Monchito’, como se le conocía, nunca existió, e incluso se explicó que todo había sido producto de psicosis colectiva.

Símbolos de esperanza

Más allá de que muchos sintieron como una desazón el hecho de ver frustrado el rescate, la figura de ambos niños reunió a muchos entorno a la esperanza. Al igual que ‘Monchito’, ‘Frida Sofía’ es esa parte de México que quedó sepultada después del terremoto, y por la que luchan todos los que se reunieron en cuerpo o alma para salvar.

Su existencia no debería ser vista como un simple producto del imaginario popular, sino más bien como símbolos de la búsqueda de un mañana para un país que recién se percata de la tragedia que vive y busca levantarse a toda costa.

Así pasó en Colombia, tan solo un par de meses después del sismo de 1985 en el D.F. Armero, un pueblo ubicado en la falda de un volcán, fue barrido por una avalancha de lodo que cegó la vida de unas 23 mil personas. En medio del dolor, surgió la historia de Omaira, una niña de 13 años que quedó atascada en medio del barro, y que fue imposible rescatar hasta que falleció, prácticamente ante los ojos del mundo.

Omaira fue real, y movilizó a los colombianos en torno a su causa, a su clamor por vivir. La esperanza y su testimonio conmovieron al mundo y sigue siendo una historia que deja marca en la memoria de Colombia. ¿Cuánta ayuda consiguió su testimonio? ¿Cuánto unió esa niña al pueblo colombiano pese a su muerte?

¿Hubiera sido igual con Frida? Imposible saberlo, pero tampoco resulta despreciable su efímera existencia. Quizá la vida de la empleada del colegio que quedaba por rescatar dependa de que ‘Frida’ hubiera existido para que no se olvidaran de ella. Lo cierto es que a cada minuto, los organismos de socorro trabajan sin descanso para evitar que su historia se vuelva realidad.

No obstante, es muy diferente la lección que debe quedar para los medios de comunicación, que repitieron un error de tres décadas atrás, pese a tener más herramientas y un antecedente previo para aprender. Los periodistas nos dejamos llevar por la desgarradora realidad. Aunque esta vez no hay consecuencias que lamentar por ello, la lección debe quedar aprendida.