Un fenómeno más fuerte que la naturaleza
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Un fenómeno más fuerte que la naturaleza

El peor peligro para la humanidad no es la fuerza de la naturaleza. Así parece confirmarse después de que, no teniendo suficiente con las tragedias causadas por  fenómenos naturales como huracanes y terremotos que han azotado en el último mes a gran parte del continente americano, ahora se suma una situación generalizada extremadamente delicada propiciada por los propios seres humanos.

Luego de ver la gran muestra de solidaridad que llegó desde diferentes puntos del mundo para los damnificados por los sismos y los huracanes, se podía pensar que como sociedad evolucionamos cada vez un poco más. Que el querer ayudar desinteresadamente al más necesitado se va volviendo un acto básico que en cualquier situación de riesgo nos fortalece un poco más.

Pero todo esto pasa a un segundo plano cuando los que propiciamos las tragedias somos nosotros mismos. Es el caso del atentado que se presentó el pasado 1 de octubre en una de las principales avenidas de la popular ciudad estadounidense de Las Vegas. En esa oportunidad murieron más de 50 personas, cuando un hombre les disparó a los asistentes a un concierto al aire libre.

La noticia, como era de esperarse, tomó por sorpresa al mundo entero, que aún no salía del asombro y la tristeza por los terremotos de México y los huracanes María e Irma.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, catalogó la masacre como “un acto de pura maldad” en rueda de prensa. “Estamos unidos hoy en nuestra tristeza, conmoción y luto”, agregó el mandatario estadounidense desde la Casa Blanca en Washington.

“La gente comenzó a caer como moscas”, contaba uno de los asistentes que, por fortuna, salió ileso del atentado. “Comenzó como un ruido de cristales rotos. Miramos alrededor para saber qué pasaba. Pensábamos que eran fuegos artificiales o petardos. Pero eran disparos”, relataba Monique Dekerf, una espectadora del concierto, a la agencia France Presse, tal y como reseñó El Mundo.

Lo más preocupante de todo es que ejemplos como este son miles. El último tuvo lugar en Ciudad de México, en donde un hombre empujó a las vías del tren a una mujer causándole la muerte. Otro más fue el del atropello masivo en Barcelona, España, cuando un sujeto arrolló a varias personas en un reconocido sitio turístico, dejando más de 15 muertos y un centenar de heridos. Todos estos incluso rememoran el del fatídico 11 de septiembre de 2001, cuando un avión impactó a las torres gemelas en Nueva York.

Actos tan atroces y reprochables como estos son totalmente injustificables. En la mayoría de las situaciones atribuidas a grupos terroristas.

En definitiva todo esto deja como resultado la zozobra de vivir en una sociedad en la que los fenómenos que trae consigo la madre naturaleza no tienen punto de comparación con el daño que somos capaces de hacernos los mismos humanos entre nosotros.